¡Oh Dios, estoy sediento de ti!




¡Oh Dios, estoy sediento de ti!

63:1 Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá.
63:2 Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
63:3 Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
63:4 Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
63:5 Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
63:6 Mi alma quedará saciada
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
63:7 Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
63:8 veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.
63:9 Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene.
63:10 Que caigan en lo más profundo de la tierra
los que buscan mi perdición;
63:11 que sean pasados al filo de la espada
y arrojados como presa a los chacales.
63:12 Pero el rey se alegrará en el Señor;
y los que juran por él se gloriarán,
cuando se haga callar a los traidores.

La fe y la incredulidad

Después de hablarles así, Jesús se fue y se ocultó de ellos.
12:37 A pesar de los muchos signos que hizo en su presencia, ellos no creyeron en él.
12:38 Así debía cumplirse el oráculo del profeta Isaías, que dice:
Señor, ¿quién ha creído en nuestra palabra?
¿A quién fue revelado el poder del Señor?
12:39 Ellos no podían creer, porque como dijo también Isaías:
12:40 El ha cegado sus ojos
y ha endurecido su corazón,
para que sus ojos no vean
y su corazón no comprenda,
para que no se conviertan
ni yo los cure.
12:41 Isaías dijo esto, porque vio la gloria de Jesús y habló acerca de él.
12:42 Sin embargo, muchos creyeron en él, aun entre las autoridades, pero a causa de los fariseos no lo manifestaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
12:43 Preferían la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
12:44 Jesús exclamó:
"El que cree en mí,
en realidad no cree en mí,
sino en aquel que me envió.
12:45 Y el que me ve,
ve al que me envió.
12:46 Yo soy la luz,
y he venido al mundo
para que todo el que crea en mí
no permanezca en las tinieblas.
12:47 Al que escucha mis palabras y no las cumple,
yo no lo juzgo,
porque no vine a juzgar al mundo,
sino a salvarlo.
12:48 El que me rechaza y no recibe mis palabras,
ya tiene quien lo juzgue:
la palabra que yo he anunciado
es la que lo juzgará en el último día.
12:49 Porque yo no hablé por mí mismo:
el Padre que me ha enviado
me ordenó lo que debía decir y anunciar;
12:50 y yo sé que su mandato es Vida eterna.
Las palabras que digo,
las digo como el Padre me lo ordenó".

Que esta semana un poco más corta disfrutemos de la cercanía de Dios , que estemos sedientos y nos acerquemos a Él. Que brote de nuestro corazón las palabras de Jesus,
"Yo Soy La Luz" y que la Luz disipe las tinieblas y nos guíe más a nuestra transformación Espiritual.

Amén, amén y amén!

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